alma de cristo santifícame

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Mayo 2015
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ALMA DE CRISTO SANTIFÍCAME
Esta hermosa oración es un canto meditado, una
ofrenda sublime, con marcados acentos de amor
profundo, reverente sumisión, del hombre que
sabe que su orientación, su guía, su luz, su
salvación, la blancura de su vestimenta que lo
consagra como un hombre nuevo y alejado del
pecado, surge de quien es su amigo y
compañero, que siempre escucha; es Jesús de
Nazaret que lo conforta en su debilidad y sus
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problemas, que lo guarda y lo oculta de las
amenazas de las tentaciones del mundo. En
nuestro ocaso y en la hora de nuestra muerte,
nos mandará llamar, para que con sus ángeles y
con sus santos le alabemos, vayamos a su
presencia. A continuación presento a mis
lectores esta preciosa oración, la cual debemos
recitar siempre.
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ORACIÓN: ALMA DE CRISTO
Alma de Cristo santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
Agua del costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, confórtame
¡Oh, buen Jesús! Óyeme
Dentro de tus llagas, escóndeme
No permitas que me aparte de Tí
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir
a Tí
Para que con tus santos te alabe
Por los siglos de los siglos, amén
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Dios nuestro Señor se
llena de júbilo y alegría
cuando se le dan las
gracias y esto pasa
cuando curó de lepra a
varios y los mandó con
los Sacerdotes para que
verificaran su estado de
salud y en el camino,
uno solo regresó a
darle las gracias a Dios por su curación y lo llenó
de alegría, y preguntó ¿Por qué sólo uno
regresó?
Tenemos que reflexionar profundamente y dar
gracias a Dios por el Don de la vida, por el
Bautizo que nos hace hijos de Dios y nos da un
Padre amoroso. Por el día de nuestra
confirmación, ya con un poco más de criterio,
darle gracias a Dios, por poder ratificar que Él es
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nuestro Padre amoroso. Y a imitación de Cristo
cumplir con la voluntad de su Padre. Se hizo
Hombre y fue sacrificado para salvarnos, y
cuando se iba a ir, les dijo a los Apóstoles:
No importa que Yo me vaya, les voy a mandar a
mi Espíritu, y el otro paralítico ¡Gracias Cristo,
gracias por haberte quedado con nosotros!, en
la Eucaristía, con tu Cuerpo, tu Sangre y tu
Divinidad.
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Hay que dar Gracias por los Dones del Espíritu
Santo, que hemos recibido en cada Misa, en
cada Eucaristía, en cada Homilía. Dios está
presente en todo momento con nosotros,
hablemos con Él. Demos gracias por la salud, la
vida, nuestras familias, por todos los Dones y
beneficios recibidos: como la Creación, el aire, el
sol, la lluvia, el campo, los animales, los peces,
por todo lo creado por Dios para nosotros.
Siempre tenemos que tomar en cuenta que el
que da, recibe, hay que dar gracias a Dios y
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recibiremos de Él, la santificación de nuestras
vidas.
EL DON DE LA EUCARISTÍA
Es admirable la bondad con la que nos colma la
misericordia de Dios: El don de la vida, el regalo
de una familia Cristiana, la riqueza de excelentes
amigos, los mismos bienes materiales y
espirituales que son una manifestación de su
amor personal.
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En el Sacramento de la Eucaristía, está Dios
mismo con su Sangre, su Alma, su Divinidad. Y
este es el sublime y precioso Don que recibimos
en la recepción del Sacramento de la Eucaristía.
LA EUCARISTÍA SACRAMENTO DE VIDA
En la Eucaristía está presente Dios, como
manantial de Vida divina, adecuándose a
nuestras necesidades personales.
La Eucaristía es Vida, que sostiene y vigoriza el
valor de los mártires.
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La Eucaristía es Vida que alimenta
espiritualmente a los esposos en la superación
de las pruebas que presenta la vida.
La Eucaristía es ese Pan que nos nutre en
nuestro camino hacia el cielo.
¡Gracias, Señor por ser mi compañero, mi guía,
mi sostén en mi ascensión al cielo!
La Eucaristía es presencia de la Omnipotencia en
mi vida.
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Cristo proclamó ¡Quien tenga sed que venga a
Mí y Yo haré que de su corazón broten ríos
abundantes de agua eterna!
Cristo también afirmó: ¡Quien come mi Cuerpo y
bebe mi Sangre vivirá para siempre! ¡Mi Cuerpo
es verdadero alimento y mi Sangre es verdadera
bebida!
Recibir el Sacramento de la Eucaristía es unirnos
a Dios, abrir nuestro corazón para recibir sus
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dones y bendiciones y dejarnos colmar de su
Vida eterna.
En el Sacramento de la Eucaristía la Iglesia
ofrece el Sacrificio de Cristo que es perfecta
adoración a Dios, que es expiación que Cristo
presenta por nuestros pecados, que es la
intercesión que Cristo Supremo Mediador, la
presenta a su Padre. La Eucaristía, es la manera
más apta como el Bautizado, en unión con
Cristo, da gracias a Dios por todos sus
beneficios.
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AGRADECIENDO EL DON DE DIOS
La mejor manera de agradecer el Don del
Donante, es aprovechando consecuentemente.
La Eucaristía, Dios nos la da, para que vivamos la
misma Vida de Dios: pensemos como Dios
anhela que pensemos, que amemos aquello que
Dios nos manda.
Lo amamos a Él y amemos a nuestro prójimo.
¡Ahí está Dios Eucaristía, en su Sacramento,
esperándonos para colmarnos de todos sus
dones, expresión personal de su misericordioso
amor!
¡Gracias Jesús Eucaristía!
Tu presencia eucarística, hace más llevadera mi
vida,
Tu auxilio omnipotente, fortalece mis fuerzas
gastadas.
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Tu alimento espiritual, da vida, para que con
generosidad y gozo te sirva.
Tu presencia, sosiega mis inquietudes, consuela
mis penas, me comunica esa confianza de que
no estoy solo, sino que Tú estás a mi lado,
iluminando y vivificando todo mi ser.
¡Gracias Jesús Eucaristía, por quedarte tan
íntima, personal y eficazmente en mi vida!
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