Redalyc.ANÁLISIS DE LAS INTERACCIONES DIDÁCTICAS

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Juan José Irigoyen, Karla Fabiola Acuña, Miriam Yerith Jiménez
ANÁLISIS DE LAS INTERACCIONES DIDÁCTICAS: ¿CÓMO AUSPICIAR LA FORMACIÓN DE
ESTUDIANTES COMPETENTES EN EL ÁMBITO CIENTÍFICO?
Enseñanza e Investigación en Psicología, vol. 16, núm. 2, julio-diciembre, 2011, pp. 227-244,
Consejo Nacional para la Enseñanza en Investigación en Psicología
México
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=29222521002
Enseñanza e Investigación en Psicología,
ISSN (Versión impresa): 0185-1594
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ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 16, NUM. 2: 227-244 JULIO-DICIEMBRE, 2011
ANÁLISIS DE LAS INTERACCIONES DIDÁCTICAS:
¿CÓMO AUSPICIAR LA FORMACIÓN DE ESTUDIANTES
COMPETENTES EN EL ÁMBITO CIENTÍFICO?
Analysis of the didactic interactions:
how to support the formation of competent students
in the scientific approach?
Juan José Irigoyen, Karla Fabiola Acuña y Miriam Yerith Jiménez
Universidad de Sonora1
RESUMEN
En el presente escrito se plantea que la adopción de un enfoque basado en el concepto de competencia puede llegar a constituir una propuesta innovadora en el
ámbito educativo. Sin embargo, su implementación en los diferentes niveles de
formación ha sido inadecuada ya que dicho concepto no se ha precisado lo suficiente por parte de los administradores, gestores y profesores. Auspiciar desempeños competentes en estudiantes en formación bajo este supuesto implica necesariamente replantear algunos elementos constitutivos del proceso de enseñanzaaprendizaje. Se discute también una visión de interacción didáctica para una formación pertinente ante los nuevos requerimientos que el contexto disciplinar y
social establece.
Indicadores: Competencia; Interacción didáctica; Estudiantes universitarios; Enseñanza de la ciencia.
ABSTRACT
In this paper, it can be considered that the adoption of an approach based on
the competence concept may to constitute itself an innovating proposal in the
educative scope. However, its implementation in the different levels from formation has been inadequate, since such concept has not been precised enough
on the part of the managers and professors. In order to develop it, is needed
to reevaluate some constituent elements of the education-learning process. It
1
Seminario Interactum de Análisis del Comportamiento, Departamento de Psicología y Ciencias de la Comunicación, Rosales y Blvd. Luis Encinas, Col. Centro, 83000 Hermosillo, Son.,
tel. (662)259-21-73, correo electrónico: [email protected] Artículo recibido el 10 de
febrero y aceptado el 29 de agosto de 2010.
ANÁLISIS DE LAS INTERACCIONES DIDÁCTICAS: ¿CÓMO AUSPICIAR LA FORMACIÓN
DE ESTUDIANTES COMPETENTES EN EL ÁMBITO CIENTÍFICO?
is also discussed a vision of didactic interaction for a pertinent formation before the new requirements that the context to discipline and social establishes.
Keywords: Competence; Didactic interaction; University students; Science learning.
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En los últimos años, como respuesta a las necesidades planteadas por
la dinámica social, se han venido promoviendo internacional y nacionalmente ciertos cambios en las propuestas curriculares de la formación universitaria; a partir de ello, las instituciones de educación superior se han planteado reformas que hagan posible la formación de los
estudiantes mediante la promoción de desempeños efectivos, variados
y transferibles a nuevas situaciones.
Estas reformas educativas han aparecido ligadas a procesos de
cambio sociopolítico que repercuten en diferentes factores, tales como
la economía, el empleo o la cultura, entre otros, transformando así los
sistemas educativos (Pérez, 2003). Por ello, se requieren cambios en las
diferentes dimensiones del ámbito educativo que permitan auspiciar la
formación de profesionales acordes a las condiciones actuales.
Las actuales reformas educativas parten de la utilización del concepto de competencia como organizador principal de los programas de
estudio y orientaciones curriculares, convirtiéndose así en un enfoque
predominante, no sólo en el nivel superior sino en los niveles formativos
inferiores. Autores como Zabala y Arnau (2007) y Coll (2007) plantean
que el enfoque basado en competencias tiene elementos importantes
que lo pueden llevar a consolidarse como una propuesta innovadora para
afrontar y solucionar algunos de los problemas que enfrenta la educación escolar hoy día.
Pero, ¿cuáles son entonces los aspectos novedosos que propone
el enfoque por competencias en el ámbito educativo? Su principal diferencia con otros enfoques radica en la concepción e implementación de
las interacciones didácticas, donde nuevas formas de enseñar, aprender
y evaluar se concretan. Este cambio de enfoque diferencia un mero proceso de trasmisión o traspaso de información específica por parte del
profesor a los estudiantes, de otro en que se auspician experiencias formativas y variadas que hacen más probable un profesional con desempeños competentes (Ruiz, 2009). Por lo tanto, el reto que deberán enfrentar las instituciones de educación superior bajo el enfoque de competencias es el de transformar los planes y programas de estudio y la
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manera de instrumentarlos a fin de permitir a los alumnos encarar directamente las situaciones que le posibiliten generar las habilidades y
competencias pertinentes y responder de manera efectiva a un entorno
dinámico y en constante cambio, esto es, individuos capaces de autorregular su propio aprendizaje para que de esta manera puedan seguir
aprendiendo a lo largo de la vida.
La planeación de los espacios educativos deberá fundamentarse
en referencia a criterios de aprendizaje y no de enseñanza, considerando
siempre las habilidades y competencias (en las diferentes modalidades
lingüísticas) a auspiciarse como un saber funcional para el estudiante
universitario, en una relación de coherencia con los criterios de la disciplina formativa y las demandas que el entorno social establece (Irigoyen, Jiménez y Acuña, 2007).
Lamentablemente, el enfoque basado en competencias se ha presentado erróneamente como la solución de todos los problemas e incertidumbres que aquejan a la educación. Nada más lejos de ello. La
adopción de un nuevo enfoque ha sido difícil, toda vez que no se ha precisado suficientemente por parte de los administradores, gestores y profesores, por lo que el término “competencia” sigue siendo consistentemente vago, inespecífico y contradictorio (Ruiz, 2009).
Al respecto, este mismo autor ha destacado que la desorientación en este enfoque se debe a dos factores que deben modificarse si se
quiere implementar de un modo satisfactorio:
1. El nuevo enfoque o paradigma2 no ha sido comprendido y analizado de un modo tal que genere una transformación epistemológica.
A menudo ha sido tomado a la ligera y confundido simplemente con
un cambio metodológico.
2. La terminología asociada al nuevo paradigma no se ha unificado,
por lo que a menudo es vaga, inespecífica o sencillamente innecesaria, lo que dificulta el proceso de transformación o de ampliación
epistemológica necesarios para su asimilación.
Un comentario que cabe aquí es que la diversidad de concepciones y
el uso impreciso del concepto ha representado un obstáculo que difi2
El autor plantea que las orientaciones en la formación profesional universitaria se sustentan fundamentalmente en un nuevo paradigma (no sólo en un nuevo enfoque) vinculado a la
formación orientada al desarrollo de competencias profesionales. Asimismo, analiza críticamente las limitaciones del nuevo paradigma al pensarse como una nueva metodología y no
como una transformación epistemológica en quienes coordinan el proceso formativo.
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culta la implementación de estrategias de enseñanza y evaluación pertinentes para la formación de estudiantes universitarios acordes a los
requerimientos que establece su entorno social. Por ello, a continuación
se describirán algunas acepciones que el término “competencia” tiene en
el ámbito educativo y las implicaciones que dichas definiciones tienen
para la planeación de espacios educativos que permitan el establecimiento de repertorios competentes en los estudiantes que se forman
en una disciplina.
Hacia una definición del concepto de competencia
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el término de competencia tiene varias acepciones: i) como oposición o rivalidad entre dos
o más personas que aspiran a obtener la misma cosa; ii) como situación
de empresas que rivalizan en un mercado ofreciendo o demandando
un mismo producto o servicio; iii) como incumbencia, y iv) como pericia,
aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado. El término que se sostiene en este artículo corresponde a esta última acepción: ser experto o tener conocimiento suficiente acerca de algo. Puede decirse, entonces, que el concepto de competencia remite a
la disposición para actuar efectivamente ante condiciones que varían.
Básicamente, las definiciones de dicho concepto en el ámbito educativo se han utilizado en dos sentidos: como capacidad o como disposición a actuar en determinadas condiciones. En seguida se describen brevemente las implicaciones de tales acepciones y la pertinencia que tienen esos planteamientos en el establecimiento y la evaluación de la formación de desempeños competentes en el ámbito profesional.
De acuerdo con el proyecto DeSeco (Definition and Selection Competences) de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) (2002), una competencia es “la capacidad para responder
a las exigencias individuales o sociales o para realizar una actividad o
una tarea […] Cada competencia reposa sobre una combinación de
habilidades prácticas y cognitivas interrelacionadas, conocimientos, motivación, valores, actitudes, emociones y otros elementos sociales y de
comportamiento que pueden ser movilizados conjuntamente para actuar de manera eficaz” (p. 8).
Perrenoud (2004) propone una definición del concepto de competencia en este mismo sentido: la capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones, e insiste en
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cuatro aspectos: 1) las competencias no son en sí mismas conocimientos, habilidades o actitudes, aunque movilizan e integran tales recursos;
2) esta movilización solo resulta pertinente a una situación, y cada situación es única; 3) pasa por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento que permiten determinar y realizar un acción relativamente adaptada a la situación, y 4) las competencias profesionales se crean en la formación, pero también en la búsqueda cotidiana del practicante de una situación de trabajo a otra.
En tales definiciones ser competente se interpreta como equivalente a ser capaz. Ser capaz significa “tener cabida”, y los usos en esta
dirección se han empleado como equivalentes de facultades o capacidades contenidas en el individuo que lo hacen poder llevar a cabo la
solución a una situación problemática (la mayoría de las veces sólo referida a aspectos conceptuales y no de instrumentación). Por su parte,
Ribes (2006) ha discutido la lógica de tal uso y sus implicaciones en la
formación y práctica profesional. El autor destaca que “ser competente implica tener la atribución para tratar acerca de algo o resolver algo,
ser experto o tener conocimiento acerca de algo” (p. 20). En ese sentido, ser competente no es simplemente aplicar un conjunto de conocimientos a una situación, sino poder organizar la actividad para que se
ajuste efectivamente a las características de esa situación (porque se
ha hecho con anterioridad); es decir, un desempeño que es efectivo en
condiciones variantes: “La competencia –al decir de Jonnaert, Barrette,
Masciotra y Yaya (2006)– pasa a ser entonces la estructura dinámica
organizadora de la actividad que permite que la persona se adapte a un
tipo de situaciones a partir de su experiencia, de su actividad y de su
práctica” (p. 15).
De esta manera, el concepto de competencia se aplica cuando,
además de estipularse un requerimiento de logro, se especifica la manera o maneras de alcanzarlo. Una competencia, desde este punto de
vista, consiste en desempeños que satisfacen criterios diferenciados,
criterios que incluyen el logro a producirse y las maneras de hacerlo.
Por ello, competencia es un concepto que vincula por una parte los
criterios de ajuste que se imponen en los diferentes momentos curriculares, y por otra el desempeño que deberá exhibirse para el cumplimiento de esos criterios, sea este conceptual, metodológico, instrumental, actitudinal o de aplicación de resultados.
Así, es posible caracterizar los desempeños competentes en los
estudiantes en formación en el ámbito científico a partir del ajuste efec-
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tivo de su comportamiento a los criterios de ajuste o logro delimitados
por los diferentes momentos curriculares, donde además de acoplarse
a dichos criterios de logro de forma efectiva se pueden generar nuevos
criterios de alcance o ajuste. Para ello, se propone que en los diferentes
niveles de enseñanza, el alumno se vea expuesto a actividades y tareas
variadas (en cuanto a modalidad lingüística, criterio de tarea y nivel de
complejidad) y funcionalmente “significativas” que le hagan posible la
adquisición de los repertorios efectivos requeridos para el ámbito de
entrenamiento específico. En este tenor, Ruiz (2009) señala: “Generar
un profesional que llene las expectativas que de él se tienen y resuelva
problemas en un medio laboral real que demanda conocer e interactuar
de un modo coherente, no se conseguirá simplemente tras exponer al
aspirante profesional a constantes disertaciones por parte de uno o más
docentes, o a la lectura y disertación de tratados” (p. 292).
Bajo el enfoque por competencias, lo que se plantea es un aprendizaje que se puede transferir a diferentes situaciones inéditas. Autores
como Zabala y Arnau (2007) han insistido en que hasta este momento
se ha auspiciado un aprendizaje reproductivo y descontextualizado, así
como una enseñanza expositiva en la que los desempeños de los estudiantes no pueden dar respuesta satisfactoria a situaciones reales, dado
que estas situaciones nunca se promovieron en condiciones de formación:
Optar por una educación en competencias representa la búsqueda de
estrategias de enseñanza que sitúen su objeto de estudio en la forma
de dar respuesta satisfactoria a situaciones reales, y por lo tanto
complejas. Dado que estas situaciones reales nunca serán aquellas
con las que se ha de encontrar el alumno en la realidad, podríamos
aceptar, en cualquier caso, que las aplicaciones concretas de las competencias, las del futuro, no pueden enseñarse, pero sí pueden enseñarse los esquemas de actuación de las competencias y su selección
y práctica en distintos contextos generalizables (p. 42).
Dichos autores señalan que una dificultad en la enseñanza bajo este
enfoque está dada por la forma de auspiciarlas, ya que estas estrategias implicarían actividades muy alejadas de la tradición escolar, la que
se ha sustentado en la transmisión verbal y en la reproducción más o
menos literal de lo aprendido en exámenes convencionales (típicamente
de reproducción de la información), lo que no ayuda en modo alguno a
diferenciar los desempeños de los estudiantes e instrumentarlos bajo
criterios en los que las características diferenciales de cada uno de ellos
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son una pieza fundamental para el aprendizaje de las competencias (Zabala y Arnau, 2007).
Interacciones didácticas para la formación de desempeños competentes
Una aproximación analítica al estudio de las interacciones en el proceso de enseñanza-aprendizaje es la sustentada por Irigoyen y Jiménez
(2004), Irigoyen (2006) e Irigoyen y cols. (2007), que sugiere la noción
de interacción didáctica3 como el segmento analítico para las interacciones educativas (episodios instruccionales), noción que se define como el intercambio recíproco entre sujetos (docente y estudiante) y objetos o situaciones referentes (materiales de estudio) en condiciones definidas por el ámbito de desempeño (disciplina o profesión) (Figura 1).
Figura 1. Factores que configuran una interacción didáctica.
Ámbito funcional de desempeño (disciplina o profesión)
Objetivo instruccional
Docente
Estudiante
Objetos referentes
La propuesta del concepto de interacción didáctica permite analizar heurísticamente los aspectos pedagógicos y psicológicos que intervienen en
el proceso de enseñanza-aprendizaje de las ciencias, así como investigar las relaciones que se establecen entre los diferentes actores que lo
conforman (docente-estudiante-objetos referentes; docente-objetos refe3
La propuesta de interacción didáctica se deriva del modelo de la práctica científica individual (Ribes, Moreno y Padilla, 1996; Padilla, 2006; Padilla, Buenrostro y Loera, 2009) y parte
de una concepción de campo psicológico, dependiente de factores históricos (tendencias,
disposiciones del organismo) y situacionales que probabilizan el contacto funcional entre el
organismo y aspectos específicos del medio. Bajo esta lógica, todos los factores son sincrónicamente necesarios en la configuración del episodio de interacción.
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rentes; estudiante-objetos referentes y estudiante-objetos referentes-docente) como relaciones que se significan en el ámbito convencional de la
disciplina que se enseña o aprende. De esta manera, el ámbito o dominio disciplinar determina los criterios de ajuste requeridos para el docente y para el estudiante en el proceso de formación.
En este escrito se enfatizarán las relaciones en las que el docente
establece contacto con los objetos y media el desempeño del estudiante,
así como las formas en que el estudiante media su contacto con los objetos referentes.
El docente, como auspiciador de estudiantes competentes en el
ámbito científico, deberá mediar la relación estudiante-objetos referentes modelando y moldeando las maneras pertinentes de decir y hacer
en la disciplina de estudio, al igual que los aspectos actitudinales. Analizar la mediación del profesor respecto a los objetos referentes en términos de las modalidades del discurso didáctico resulta relevante en
la formación de competencias en el ámbito educativo general, y particularmente en el de las ciencias, puesto que existe evidencia experimental que demuestra que el nivel de interacción que se medie entre el
alumno y los objetos referentes repercute tanto en el desempeño a lograr como en la posibilidad de transferir las habilidades y competencias
adquiridas (Mares, Guevara y Rueda, 1996; Mares, Ribes y Rueda, 1993;
Mares, Rivas y Bazán, 2002; Mares, Rueda y Luna, 1990).
Algunos estudios sobre las interacciones que los profesores promueven en los alumnos de ciencias indican que la mayoría de aquellos
organizan sus actividades en función de los temas y objetivos (es decir,
cumplen con los objetivos del programa de la materia), pero no adoptan estrategias didácticas variadas en función del objetivo instruccional, lo que favorece la repetición de la información pero no las formas
variadas que le harían posible a los estudiantes establecer contacto no
sólo con los “nuevos” nominativos, sino con el significado de los mismos
y el contexto en donde ese significado tiene sentido (Mares, Guevara,
Rueda, Rivas y Rocha, 2004; Mares, Rivas, Pacheco y cols., 2006). Es de
este modo como se llevan a cabo la mayoría de las interacciones didácticas del área de ciencias en el país, que privilegian el qué en la enseñanza, pero no el cómo y el para qué.
Resultados como los citados arriba se han discutido en términos
de las posibilidades de generalización y aplicación de lo aprendido por
los alumnos, enfatizándose que cuando estos son instruidos de manera
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exclusivamente verbal, se dificulta el desarrollo e integración de las habilidades observacionales, instrumentales y lingüísticas vinculadas con
los fenómenos estudiados, lo que puede limitar su comprensión y, por
lo tanto, su posibilidad de transferencia a situaciones problemáticas
semejantes.
Es importante señalar que la idea que tienen los profesores de la
ciencia tiene implicaciones sobre lo que enseñan y las estrategias que
utilizan en las interacciones didácticas cotidianas (Fernández y Peña,
2008; Soto, 2009). Irigoyen y cols. (2004, 2007), Acuña, Irigoyen y Jiménez (2009) y Morán (2004) han hecho hincapié en que para llevar a
cabo una mediación pertinente el docente requiere una formación en
un sentido disciplinar, esto es, una formación especializada que atienda el conjunto de prácticas (conceptuales, procedimentales y de medida) específicas de un área o disciplina, y en un sentido pedagógicodidáctico, una formación en los aspectos científicos y técnicos del propio ejercicio de la docencia como mediación de saberes. De esta manera,
el profesor podrá auspiciar comportamiento competente e inteligente en
sus estudiantes.
La modalidad asumida por los docentes como la manera de mediar a los estudiantes (discurso didáctico) es relevante, toda vez que se
requieren formas de hacer y decir pertinentes a los objetos de conocimiento que se enseñan, para que de esta manera el alumno pueda generar los repertorios necesarios y suficientes como desempeño efectivo
y con posibilidades de transferencia. Solo se generarán estudiantes capaces de comportarse de manera inteligente (efectiva, variada y novedosa) si se auspician situaciones en donde se enseñe no sólo el qué,
sino también el cómo, moldeando –a través de la ejemplificación e ilustración– y modelando en el estudiante la identificación de los componentes de las situaciones problema a las que es encarado y permitiendo
así que pueda establecer relaciones de equivalencia funcional entre situaciones conceptuales e instrumentales morfológicamente diferentes
(como la identificación de los componentes de una máxima o regla de
dichas situaciones problema).
Al respecto, Varela y Ribes (2002) señalan lo siguiente:
El comportamiento inteligente se enseña, primordialmente, a través
del discurso didáctico. El principio fundamental en el que se basa el
discurso didáctico es que solo aquel que domina una competencia puede enseñarla. Aun cuando se enseña primordialmente con base en la
demostración y el ejemplo, se requiere de máximas, instrucciones y
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descripciones que expliciten los criterios bajos los cuales dichos ejemplos y demostraciones son efectivos, las diversas maneras en que
otros ejemplos y ejercicios de una competencia pueden también serlo
(p. 202).
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El discurso didáctico no consiste únicamente en una interacción expositiva (de morfología verbal) sobre lo que se debe hacer y no hacer, y en
el modo de llevarlo a cabo, sino en la demostración, ejemplificación y
ejercicio del desempeño que se pretende enseñar; por ello, el profesor
necesariamente deberá ser un experto en lo que enseña, además de
tener conocimientos pedagógicos y didácticos que fomenten este tipo
de condiciones.
Respecto a la forma de mediar al estudiante con los objetos referentes (discurso didáctico), Varela (2002) señala los siguientes aspectos
como relevantes:
a) Solicitar a los estudiantes que identifiquen y describan los elementos y condiciones que son parte de la situación problema o son funcionales para su solución;
b) Auspiciar que el alumno refiera su propio comportamiento ante
otros, lo que constituye el tercer caso de la sustitución referencial. En
este caso específico, se solicita al alumno que describa lo que hace mediante los elementos y las condiciones presentes para poder satisfacer
el criterio de logro que demanda la situación. El ejercicio variado de las
habilidades anteriores facilita que el alumno sea capaz de identificar
gradualmente los componentes funcionales comunes a las circunstancias (en términos de dimensiones, relaciones, modalidades e instancias)
presentadas durante el ejercicio variado.
c) Preguntar al estudiante la descripción de los elementos funcionales o implícitos solicitándole que identifique las semejanzas y diferencias. Por lo tanto, la formulación de principios y máximas consiste en
la elaboración de una descripción general que englobe las descripciones particulares que comparten una misma propiedad; es en sí una
competencia transituacional que facilita el manejo lógico de situaciones
presentes y futuras. Este aspecto se hace posible mediante la retroalimentación que los alumnos pueden ir realizando a la par del profesor,
enfatizando los pasos con los que pudieron satisfacer los criterios de
logro o ajuste de las diferentes situaciones problema.
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Así, el aprendizaje de las ciencias se establece interactuando y
ejercitando los diferentes juegos de lenguaje en las diferentes modalidades con los objetos, eventos o situaciones referentes, tanto en el hacer como en el decir. En este sentido, las interacciones de los estudiantes se establecen fundamentalmente como interacciones que involucran
dimensiones no aparentes (interacciones sustitutivas), donde los referentes de los cuales se habla o se hace se significan en función de las teorías, modelos, procedimientos y técnicas.
Esto es lo que finalmente se pretende al formar individuos en el
ámbito científico: individuos que continúen desempeñándose efectivamente al establecer una equivalencia funcional aun entre arreglos diferentes a los entrenados originalmente, e incluso de ser capaces de identificar y proponer ejemplares en los que dicha relación funcional se mantenga (aplicación de la regla) (Ribes, 2000; Tena, Hickman, Moreno,
Cepeda y Larios, 2001), es decir, individuos que se comporten sustitutivamente.
Por lo tanto, para que el estudiante se desempeñe competentemente deberá identificar la relación funcional que comparten diferentes situaciones, ya sean instancias, eventos o relaciones, en donde abstraiga o formule el principio que le hará posible desempeñarse de manera efectiva en estas situaciones o criterios. En otras palabras, el estudiante deberá identificar el nivel de correspondencia que comparten dos
o más situaciones morfológicamente diferentes, pero que funcionalmente
son reguladas de manera equivalente, pudiendo así describir su ejecución efectiva y las circunstancias en las que esta ocurre, lo que ha
sido llamado saber cómo (ejecución efectiva) y saber por qué (descripción del principio o máxima) (Moreno, Cepeda, Tena, Hickman y Plancarte, 2005; Rodríguez, 2000).
Una implicación de lo anterior en el ámbito educativo consiste en
la posibilidad que tiene un estudiante de establecer un contacto relacional con los criterios de ajuste y, por ende, resolver problemas que
no guardan entre sí una semejanza morfológica sino funcional. Respecto a las situaciones a las que un estudiante en formación y en su
ejercicio profesional posterior se enfrentará, Zabala y Arnau (2007) plantean que “el punto de partida es la necesidad de intervenir ante una
situación única y compleja en un contexto determinado. Situación única, ya que, por muy parecidas que sean las circunstancias, estas nunca serán iguales; y compleja, ya que en la mayoría de las ocasiones el
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número de variables que en ella participan y sus relaciones serán múltiples” (p. 40).
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Ryle (1949/2005) señala en su análisis sobre la inteligencia y el
pensamiento que las ejecuciones relacionadas al “saber qué” y “saber
por qué” se desarrollan una vez que el sujeto domina una tarea (ejecución exitosa), y solo cuando las ejecuciones exitosas y las descripciones
son suficientemente variadas. Así, puede hablarse de comportamiento
competente e inteligente por extensión cuando el individuo se muestra
capaz de describir su ejecución efectiva en condiciones variadas, así
como las diferentes circunstancias en las que esta ocurre y se significa;
es decir, podrá exhibir desempeños efectivos ante circunstancias variantes, independientemente de que tengan o no propiedades en común aparentes en una situación determinada.
Identificar las condiciones bajo las cuales se establece el comportamiento sustitutivo es una circunstancia crucial para que el estudiante pueda seguir desempeñándose en escenarios y criterios cambiantes.
Algunas preguntas en este sentido son las siguientes: ¿Cómo puede un
estudiante identificar el elemento regulador o mediador en el caso de
una situación problema? ¿Cuáles son las categorías de relación entre
dos situaciones problema que las hacen funcionalmente equivalentes?
¿Cuáles son los elementos que le permiten expresar para él, y en su
momento para otros, las relaciones entre dos situaciones problema?
La evaluación de desempeños competentes, por consiguiente, está dirigida a constatar el desempeño efectivo ante condiciones variantes en función de las diversas prácticas del área de conocimiento como
juegos de lenguaje (conceptuales, instrumental y de medida) y los objetivos instruccionales propuestos.
En otro lugar (Irigoyen y Jiménez, 2004; Irigoyen y cols., 2007)
se han propuesto formas de evaluación como parte de estrategias instruccionales que permiten caracterizar cómo entra en contacto el estudiante con el hacer y decir de su disciplina de estudio, permitiendo de
esta manera monitorear sus ejecuciones en diferentes niveles de complejidad (diferencial, efectivo, pertinente, congruente, coherente), modalidades (decir, hacer, hacer del decir, decir del hacer, decir del decir) y
criterios de tarea (identificar, definir, instrumentar, relacionar y formular). El nivel funcional remite a la complejidad del criterio de tarea y los
recursos conductuales necesarios para su solución efectiva. La modalidad consiste en las maneras en que el desempeño o la actividad del
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aprendiz tienen lugar. El criterio de tarea involucra la dimensión de ocurrencia del desempeño del aprendiz, definido a partir de criterios observacionales (nominar, describir, instrumentar, relacionar y argumentar).
Comentarios finales
Un problema de las instituciones de educación, sobre todo las de educación superior, es que la actual formación no está preparando para
las nuevas condiciones ni para la sociedad del conocimiento. Diversos
estudios muestran que una parte importante de los estudiantes mexicanos de todos los niveles carece de los repertorios básicos de lectura,
comprensión, matemáticas y, en general, de ciencia (Irigoyen, Mares,
Jiménez y cols., 2009; Mares, Hickman, Cabrera, Caballero y Sánchez,
2009; OCDE, 2001, 2003, 2006; Secretaría de Educación Pública, 2009).
Los requerimientos que plantean a las instituciones de educación las nuevas condiciones del conocimiento y las sociales hacen necesaria la reconsideración del rol de los actores involucrados en el ámbito de la educación, particularmente aquellos que son los elementos
sustantivos del proceso de enseñanza-aprendizaje y que son analizados en el presente trabajo a partir de la propuesta de interacción didáctica. Dicha propuesta permite recuperar el sentido psicopedagógico de
ese proceso, y por lo tanto, analizar las condiciones que son idóneas
para la formación de profesionales que se desempeñen de manera efectiva y variada en sus ámbitos disciplinar y profesional.
A manera de propuesta, se plantean los siguientes supuestos:
1) Las interacciones didácticas en el ámbito de la formación científica deberán llevarse a cabo en función de los juegos de lenguaje en
cuanto a lo conceptual, instrumental y de medida (identificar hechos,
elaborar preguntas, instrumentar arreglos, observar resultados, representar datos…) de la disciplina que se enseña o aprende. El docente,
partiendo de los objetivos instruccionales y de las competencias a establecer, deberá ser capaz de modelar, ilustrar, ejemplificar y moldear
los modos de comportamiento (efectivos, variados y pertinentes) que caracterizan a los miembros de la disciplina que enseña, así como evaluar
el desempeño del aprendiz en cuanto se corresponda a dichos desempeños. Así, la modalidad del discurso didáctico (oral, textual o videográfico) se deberá corresponder a los juegos de lenguaje, las competencias a formar y los requerimientos de logro estipulados en los objetivos instruccionales. De esta manera, solo un profesor experto en el
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área de conocimiento que está enseñando podrá desempeñarse de manera efectiva, variada y pertinente. Se ha enfatizado en otros escritos
que, en el caso de la enseñanza de las ciencias, el profesor debe ser un
practicante de la misma; si no lo es, su ejercicio se convierte en una práctica discursiva respecto a los productos de los científicos, pero sin referencia a las actividades que llevaron a su obtención (Irigoyen y cols.,
2004).
2) Las interacciones que un estudiante de ciencias establece con
los juegos de lenguaje son mediadas por las diferentes modalidades que
asume el discurso didáctico, así como por el repertorio lingüístico que
exhibe (escuchando, observando, manipulando, leyendo, hablando y escribiendo). Es importante señalar que las modalidades lingüísticas que
los estudiantes exhiban deberán estar relacionadas con los juegos de
lenguaje que se están enseñando o aprendiendo; no obstante, se han
enfatizado sólo algunas de estas modalidades. Las instituciones educativas han supuesto que siendo los alumnos solamente escuchas o lectores, gradualmente irán ajustando sus desempeños, de una manera cada
vez más compleja, a los criterios de logro de la disciplina en que están
siendo formados. Para analizar las modalidades lingüísticas que se auspician en las interacciones didácticas en ciencias se deberán recuperar
situaciones variadas que permitan la valoración de desempeños con niveles de complejidad funcional diferenciados y tipos de tarea que resulten pertinentes al conjunto de prácticas correspondientes al área de conocimiento y al nivel competencial que se pretende entrenar. La evaluación debiera mantenerse como una actividad permanente (al hacer y
decir), como una parte esencial de las interacciones didácticas, ajustando momento a momento las estrategias instruccionales puestas en
práctica.
3) La disponibilidad de las nuevas tecnologías para la enseñanza
no necesariamente ha modificado los quehaceres del docente, del aprendiz ni la estructura misma de los materiales educativos; por el contrario, las estrategias de enseñanza que se implementan cotidianamente en
las clases de ciencias promueven la memorización y repetición de la información, soslayando las situaciones que favorecen las variaciones
en las modalidades lingüísticas, tipos de tarea y niveles de complejidad
que favorezcan en los estudiantes repertorios efectivos, variados y novedosos (Coll, Mauri y Onrubia, 2008). En este sentido, se ha puesto
de manifiesto que la formación, experiencia y habilidades del docente en
el uso de las nuevas tecnologías resulta ser un elemento fundamental
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en el uso técnico de la misma y de sus formas y competencias exhibidas para la instrumentación y adaptación en las situaciones cotidianas
del aula (Irigoyen, Jiménez y Acuña, 2003).
Sólo se generarán estudiantes capaces de comportarse de manera inteligente si se auspician situaciones en donde se les enseñe no sólo el qué sino también el cómo, moldeando, a través de la ejemplificación e ilustración, y modelando la identificación de los criterios y componentes de las situaciones problema a las que son enfrentados y permitiéndoles generar los repertorios necesarios y suficientes para un desempeño efectivo y con posibilidades de ser transferido.
Finalmente, debiera ser una preocupación cotidiana la búsqueda
de una interacción didáctica coherente con los objetivos curriculares y
disciplinares, lo que permitirá ajustar nuestra concepción del proceso
de enseñanza-aprendizaje y, fundamentalmente, el producto de tal proceso: individuos capaces de generar y transferir conocimiento y solucionar problemas. Debiéramos, pues, avanzar en el desarrollo de estrategias que hagan factible la construcción de interacciones didácticas más
coherentes, variadas y efectivas.
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