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CUADERNOS DE
DSM-V: LUCES Y SOMBRAS II
MEDICINA PSICOSOMÁTICA Y PSIQUIATRÍA DE ENLACE
REVISTA IBEROAMERICANA DE PSICOSOMÁTICA
Esquizofrenia y otros Trastornos Psicóticos:
principales cambios del DSM-5
Schizophrenia and other Psychotic Disorders: main changes in the
new DSM-5
Mar Rus-Calafell1 & Serafín Lemos-Giráldez2
Resumen
El presente artículo tiene como objetivo resumir los principales cambios realizados en la
definición y descripción de la esquizofrenia, así como de sus criterios diagnósticos, en la quinta
edición del DSM. En esta edición, la nueva categoría diagnóstica en la que se recoge la esquizofrenia se titula “Trastorno del Espectro Esquizofrénico y otros Trastornos Psicóticos”. Los cambios específicos en su definición incluyen la eliminación de los subtipos clásicos y del trato
especial al síntoma de delirio bizarro o la alucinación de tipo “Schneideriana” (síntomas de
primer orden). Se incluyen, en lugar de los subtipos, especificadores de curso según el síntoma
predominante en el momento de la evaluación, que pretenden ayudar al clínico a tomar decisiones en cuanto al tratamiento apropiado de la patología en ese momento concreto. Se ofrece también una delimitación más clara entre esquizofrenia y trastorno esquizoafectivo y la reconceptualización de la catatonia.
Pal abras cl av e: Esquizofrenia. DSM-5. Espectro Esquizofrénico. Subtipos clásicos. Trastorno esquizoafectivo. Catatonia.
Summary
The present article aims to summarize and discuss the main changes made in the definition
and description of schizophrenia, and its diagnostic criteria, in the fifth edition of the DSM. In
this last edition, the new diagnostic category that includes schizophrenia is entitled
"Schizophrenic Spectrum Disorder and other Psychotic Disorders". Specific changes in the defini-
1
Department of Social Psychiatry, Institute of Psychiatry.
King’s College London
2
Departamento de Psicología. Universidad de Oviedo
Co rres po ndenci a: Dra. Mar Rus-Calafell, PhD
Institute of Psychiatry
at the Maudsley Hospital
King’s College London
De Crespigny Park
London SE5 8AF
E-mail: maria.rus-calafell@kcl.ac.uk
C. Med. Psicosom, Nº 111 - 2014
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tion include the elimination of the classic subtypes as well as the special treatment of bizarre
delusions and Schneiderian hallucinations (first-rank symptoms). Instead of subtyping, the
DSM-5 uses specifiers of the course of the illness, which are intended to allow clinicians to
report current status and the previous course up to the present evaluation. Furthermore, this will
help clinicians to make decisions regarding the appropriate treatment of the disorder at that particular time. This edition also provides a clearer distinction between schizophrenia and schizoaffective disorder and a reconceptualization of the relationship of schizophrenia and catatonia.
Key wo rds : Schizophrenia. DSM-5. Schizophrenic Spectrum. Classical subtypes. Schizoaffective
disorder. Catatonia.
DEFINICIÓN Y CAMBIOS RESPECTO AL
DSM-IV
La reciente publicación de la quinta edición
del Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders (DSM-V, 2013) está en expansión entre los clínicos como nueva herramienta diagnóstica, aunque su uso no está totalmente establecido. Esta nueva edición, donde la nueva categoría
diagnóstica en la que se recoge la esquizofrenia, se
titula “Trastorno del Espectro Esquizofrénico y otros
Trastornos Psicóticos”, introduce algunos cambios importantes en el diagnóstico de este trastorno, respecto a ediciones anteriores del manual.
Antes de pasar a comentar los principales cambios que afectan, sobre todo, a los criterios diagnósticos, debemos subrayar que la introducción del
capítulo ha sido extendida para definir de manera
más concreta los diferentes dominios de la psicopatología psicótica y describir más extensamente
la organización de varios trastornos psicóticos (Carpenter et al., 2009).
En primer lugar, se aumenta a dos los síntomas del Criterio A exhibidos por el paciente, que
se requieren para establecer el diagnóstico de esquizofrenia, y además uno de estos síntomas debe
ser uno de los primeros tres listados: delirios,
alucinaciones y habla desorganizada. Así pues, se
ha eliminado el trato especial al síntoma de delirio bizarro o la alucinación de tipo “Schneideriana” (alucinaciones auditivas experimentadas en
forma de voces que pronuncian los propios pensamientos, voces que discuten y voces que comentan las propias acciones).
Al respecto, una nueva definición de delirios
se introdujo al comienzo de este capítulo del DSM-
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5, como “creencias fijas” que no son susceptibles
de cambio a la luz de datos contradictorios, en vez
de “creencias erróneas”, teniendo en cuenta que no
siempre es posible determinar su carácter verídico.
Otros cambios efectuados en relación a los criterios diagnósticos de la esquizofrenia son, por
una parte, la clarificación sobre síntomas negativos en el mismo criterio A y, por otra parte, la clarificación del criterio F. Los expertos han considerado que la abulia y la expresión emocional disminuida son aspectos claves de los síntomas
negativos, y que esta última describe mucho mejor la naturaleza de la anormalidad afectiva, que
no el aplanamiento afectivo. Así pues, la quinta característica del criterio A será síntomas negativos
(como abulia o expresión emocional disminuida).
El criterio F, que hacía referencia a la adición del
diagnóstico de esquizofrenia, en caso de historia
clínica de autismo o trastorno del generalizado del
desarrollo solo si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos
1 mes (o menos si se han tratado con éxito), se
ha incluido también “cualquier trastorno de la comunicación de inicio en la infancia” como condición previa a la adición del diagnóstico.
Uno de los cambios más prominentes es la eliminación de los subtipos: no se identifican, sino que
el subtipo se determina según el síntoma predominante en el momento de la evaluación. Los anteriores subtipos son ahora utilizados como “especificadores”, con el fin de detallar más el diagnóstico.
Tanto la esquizofrenia como el resto de trastornos
psicóticos se caracterizan por diferentes dominios
psicopatológicos, cada uno con diferentes cursos,
patrones de respuesta al tratamiento e implicaciones pronósticas. Los dominios sintomáticos más
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relevantes incluyen distorsión de la realidad (alucinaciones y delirios), desorganización, síntomas
negativos, deterioro cognitivo, comportamiento
psicomotor anormal (p.ej., catatonia) y aspectos
del humor (depresión y manía). La severidad de
estos dominios se debe valorar en una escala de 0
(no presente) a 4 (presente y severo). La manera de
puntuar estas dimensiones, según esta escala de
cinco puntos, se explica en la Sección 3 del manual. Así pues, los especificadores van a añadir
una medida sobre la severidad de estas dimensiones sintomáticas que se puede acompañar también
de un especificador de curso (Carpenter & Tandon,
2013). Los especificadores de curso son: 1) primer episodio, actualmente episodio agudo; 2) primer episodio, actualmente en remisión parcial; 3)
primer episodio, actualmente en remisión total;
4) episodios múltiples, actualmente episodio agudo; 5) episodios múltiples, actualmente en remisión parcial; 6) episodios múltiples, actualmente
en remisión total; 7) continuo (gran variedad de
síntomas que cumplen los criterios de los síntomas de diagnóstico de un trastorno deben estar
presentes la mayoría del curso de la enfermedad
con períodos de síntomas subumbral que deben
ser breves en relación con el curso general); 8) inespecífico. Estos especificadores pretenden ayudar
a los clínicos a tomar decisiones en cuanto al tratamiento apropiado de la patología en ese momento concreto.
Con la eliminación de la catatonia como un
subtipo de esquizofrenia, su tratamiento ha cambiado por completo en esta nueva edición del manual. El mismo criterio para el diagnóstico de la
catatonia es utilizado de manera consistente en
todo el manual: es un especificador de varios trastornos psicóticos (incluido por supuesto la esquizofrenia) y de los trastornos del humor (trastorno
bipolar y trastorno depresivo mayor). También se
ha incluido una categoría residual, titulada Catatonia No Especificada, que pretende clasificar a
esos individuos que presenten catatonia asociada a
otros trastornos psiquiátricos u otra condición médica general que no haya sido aún identificada.
Otro de los cambios realizados en un diagnóstico específico ha sido la reconceptualización del
trastorno esquizoafectivo. El diagnóstico de este
trastorno debe realizarse ahora de manera longitudinal y no transversal. Así pues, el cambio se ha
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aplicado al criterio C (temporalidad de los síntomas afectivos) con el requerimiento de que el episodio afectivo mayor debe estar presente durante
la mayor parte de la duración del trastorno. Principalmente, este cambio se ha realizado para remarcar más la diferencia entre el trastorno esquizoafectivo y otros trastornos psicóticos con presencia de síntomas afectivos.
Las limitaciones en el diagnóstico diferencial
entre el trastorno delirante y algunas variantes del
trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y trastornos relacionados, trastorno de acumulación o el
trastorno dismórfico corporal han sido también
revisadas en esta nueva edición del DSM. Estos
tres últimos trastornos tienen ahora un nuevo especificador sobre el insight (bueno, suficiente, pobre). En consecuencia, el trastorno delirante incluye un criterio de exclusión que especifica que los
síntomas no pueden explicarse mejor por la presencia de TOC o trastorno relacionado con ausencia de insight respecto a la idea delirante. En otras
palabras, la presencia de creencias delirantes no
implica el establecimiento automático del diagnóstico de trastorno psicótico. Según la edición
anterior, el DSM-IV-TR, cuando un paciente presentaba ambas condiciones, el clínico debía establecer ambos diagnósticos. En el DSM-5 estos
pacientes van a recibir un solo diagnóstico: por
ejemplo, si existieran características de TOC con
creencias delirantes, el diagnóstico final sería:
trastorno obsesivo-compulsivo con características
psicóticas (Carpenter & Tandon, 2013).
Finalmente, bajo la clasificación de condiciones emergentes bajo estudio (Apéndice III, se trata de esas condiciones que requieren de más investigación antes de su consideración formal como
trastorno), se ha incluido el diagnóstico de “Síndrome de Psicosis Atenuada” para identificar a
aquellas personas con elevado riesgo de desarrollo
de psicosis. Este nuevo síndrome es un constructo poliédrico basado en la frecuencia, duración y
progresión de síntomas, asociado a disfunción social búsqueda de tratamiento y/o malestar clínicamente significativo (Fonseca-Pedrero, Paino, &
Fraguas, 2013). Al igual que los demás trastornos
incluidos en este capítulo, se trata de trastornos
bajo estudio que aún no disponen de la suficiente
evidencia empírica como para ser incluidos en el
texto principal.
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IMPLICACIONES DE ESTOS CAMBIOS
Es importante destacar que la psicosis no es
exclusiva de la esquizofrenia, sino que aparece en
una serie de categorías diagnósticas del trastorno
psicótico. Por este motivo tanto el cambio de nombre de la categoría (a destacar la inclusión de la
palabra Espectro) como la extensión de la introducción del capítulo pretenden ayudar al clínico a
considerar las extremadamente diferentes manifestaciones de la psicosis.
El cambio en el tratamiento especial de los síntomas de primer rango (delirios bizarros o alucinaciones auditivas comentando o conversando) constituye, desde nuestro punto de vista, un cambio
acertado debido a la baja fiabilidad y especificidad
del concepto “bizarro”. La definición última de este
concepto es difusa y confusa, y su eliminación puede también prevenir sesgos culturales. Este cambio
no debería tener un impacto muy elevado desde
una perspectiva de análisis de casos, ya que menos del dos por ciento de personas que recibieron
un diagnóstico de esquizofrenia, siguiendo el manual DSM-IV, estuvo basado en la presencia de
un solo síntoma de delirio bizarro o alucinación
(Shin et al., 2013).
Algunos autores ya habían apuntado que los
subtipos limitaban demasiado la estabilidad del
diagnóstico, tenían baja fiabilidad y validez, y
baja aplicación clínica (Peralta & Cuesta, 2003).
Otro dato relevante, sobre la utilidad de los subtipos anteriormente usados en el manual DSM, es
que menos del cinco por ciento de las publicaciones en esquizofrenia tienen como objetivo comparar los diferentes subtipos en relación con las
variables de estudio (Braff et al., 2013). Con la
inclusión de los especificadores –tanto de dominios
psicopatológicos como de curso– se complementa
la evaluación categorial de los trastornos psicóticos, lo cual permite una evaluación más individualizada y específica de los pacientes. La inclusión de estas ocho dimensiones es, sin duda, el mayor y más clínicamente significativo cambio de
los realizados por el grupo de trabajo para esta categoría diagnóstica.
Aunque el cambio en el criterio C del trastorno esquizoafectivo se realizó para mejorar la fiabilidad, validez y estabilidad del trastorno (Tandon
& Carpenter, 2013), siguen sin quedar claros cuá-
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les son los criterios que delimitan “la mayor parte” (o parte substancial) del curso del trastorno.
Una de las críticas, que consideramos debe recibir esta nueva edición, es que finalmente no se ha
incluido ningún criterio sobre los déficits neurocognitivos de la esquizofrenia. Tanto la comuni dad científica como clínica reconoce que es uno de
los aspectos más prominentes de la psicopatología asociada a la enfermedad. Algunos autores,
como Bora, Yücel y Pantelis, incluso publicaron
en 2010 su propuesta sobre las posibles alternativas para definir el deterioro cognitivo en el DSM5: 1) su inclusión como especificador (en lugar de
criterio diagnóstico); 2) una definición del déficit
cognitivo como una dimensión dentro del sistema
“híbrido” dimensional-categorial de esta nueva
edición. No obstante, a pesar de la importancia de
la función cognitiva para la comprensión de la
esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, no se
han incluido los déficits cognitivos en el criterio
de “A” de la esquizofrenia, o los criterios para
otro trastorno psicótico. La principal razón que
han dado los miembros del grupo de trabajo es
que la disfunción cognitiva no es un marcador de
diagnóstico diferencial para la esquizofrenia, ya
sea para distinguir un paciente de una persona
sana o de una persona afectada por otros trastornos psiquiátricos (Barch et al., 2013).
En resumen, la gran heterogeneidad clínica,
patológica y etiológica de la esquizofrenia, así como sus borrosos límites con otros diversos trastornos psicóticos, todavía reducen la validez de
contenido, la validez discriminante y la validez
predictiva como constructo unitario de enfermedad. De hecho, el DSM-5 sigue todavía definiendo este síndrome por exclusión (no debido al
estado de ánimo o al trastorno esquizoafectivo, ni
a efectos fisiológicos de una substancia o de otra
condición médica); y la descripción sintomática
que se hace en el criterio A no es exclusiva (los
delirios más la abulia pueden estar presentes en la
depresión mayor, las alucinaciones más el lenguaje desorganizado pueden estar presentes en la
manía; los delirios más la grave conducta desorganizada pueden estar presentes en la demencia); y
el deterioro funcional y los criterios de duración
de al menos 6 meses pueden cumplirse también
en varios estados maníacos, depresivos o demenciales. En consecuencia, los cambios introducidos en
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el DSM-5 en los trastornos psicóticos representan solo leves avances en la fiabilidad y utilidad
clínica, pero apenas abordan la cuestión crítica de
la validez y no suponen un cambio de paradigma.
Como consecuencia de lo anterior, existen serias dudas respecto a la utilidad de los procedimientos diagnósticos actuales del constructo teórico de la esquizofrenia, a la hora de tomar decisiones prácticas, especialmente en lo que respecta
al abordaje terapéutico.
Parece claro que el verdadero impacto de los cambios realizados en el DSM-5 solo podrá someterse a juicio cuando haya sido utilizado por un tiempo. Los estudios epidemiológicos ayudarán también a detectar cambios en la prevalencia y comorbilidad respecto al DSM–IV (Rieger, Kuhl, & Kupfer, 2013), incluyendo la aplicación de encuestas
representativas nacionales de trastornos con alta
relevancia para la salud pública en todo el mundo,
como la esquizofrenia.
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